miércoles, 11 de febrero de 2009

¿El yo de la hormiga?

Ayer caminaba por la calle y encontré un conjunto de hormigas que se dirigían a su hogar, una tras otra, sin interrumpir su camino, cuando un obstáculo aparecía solo, lo rodeaban. Parecía que esos seres tuvieran un fin claro en su vida, pero dudé de que disfrutaran esa acción mecanizada, así que pensé en destruir esa aparente perfección y quité algunos animalitos del camino para que los demás se descontrolaran e interrumpieran su sistema, unos minutos después, aparté a tres hormigas y para mi sorpresa, las que se quedaron seguían su camino como si nada hubiera sido alterado y las otras se incorporaron después.
Me dejó de parecer interesante, no logré concebir cómo ellas no habían sido capaces de seguir otro camino, porque al final eran libres.
Tal vez, ellas no eran conscientes de serlo, quizá ni siquiera conocían la libertad.
Después imaginé una sociedad utópica que se comportara como si tuviera claro el fin del hombre en el mundo y por medio de voluntad y la libertad decidiera emprender un camino específico. Pero si eso sucediera, la libertad estaría limitada, entonces fui consciente de algo: en ese momento pensaba acerca de lo que pensaba y dudé de que esos pensamientos (producto de otras ideas) fueran ciertos, porque finalmente, sólo me interesa seguir lo verdadero.
Lo que no lograba entender es que un ser no puede ser persona sólo por ser consciente de ello, había algo más y aunque otros seres tuviesen inteligencia y libertad eso no los hacía personas y por lo tanto, no tendrán un comportamiento común a nosotros.
Existía algo más que me convertía en un ser capaz de decir que yo soy yo; que tú eres tú y aún así comprendo quién eres tú, porque somos parte de la misma especie. Aunque finalmente, el yo no es la persona misma sino la conciencia que tenemos sobre lo que somos y eso es llamado subjetividad, es decir somos relaciones sociales a través de nuestra vida, somos cultura, somos historia, somos creencias que nos han forjado y nos convierten en lo que actualmente somos.
Y sin embargo, poseemos algo que nos hace comunes y merecedores de llamarnos humanos, sería corto quedarnos con la voluntad, libertad e inteligencia ya que también se encuentra la dignidad inagotable por sí sola.
Entonces una vez más me acerque a las hormigas y pensé si lo que somos son factores externos, entonces no somos iguales y por la tanto ellas tienen más posibilidad de pertenecer a un todo por las experiencias y el contexto semejante, pero al fin comprendí algo, ellas no eran capaces de reconfigurar su yo y generar identidad.
Y el yo se forma de acuerdo al amparo que se tenga con la dignidad del hombre, pero no sólo con que somos capaces de razonar porque sería cruel decir que un bebé no la posee por no conocerla, o un anciano no la tiene por haberla olvidado, la dignidad es profunda y no se otorga por la razón.
Comprendí sólo lo que mi inteligencia pudo captar, porque finalmente hay un espacio dentro de nosotros mismos que somos incapaces de codificar ya que nuestra reflexión no puede abarcarlo todo y esa parte de la realidad es inconsciente para nosotros.
Freud decía que el inconsciente está formado por aquellas experiencias que rechazamos conscientemente y que en algún momento son expulsadas por sueños o por actos, sin embargo, para clarificar ese aspecto es imposible hacerlo por nosotros mismos; necesitamos del psicoanálisis y si no existiesen seres que se dedicaran al estudio de la mente, por naturaleza estaríamos llamados a no poder acceder a esa parte de nosotros mismos.
Nuestra naturaleza no sólo es nuestra mente, por eso es necesario analizar desde diferentes enfoques y complementar el autoconocimiento por medio de distintas aéreas como la antropología, y ser capaces de afirmar la extraordinaria capacidad del cerebro y descubrir sus limitaciones naturales, sólo así, entenderemos lo que somos y lo que nos diferencia de una hormiga.

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